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Sobre la construcción de jerarquías sociales en la Argentina

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Victoria Gessaghi: “Me interesaba trabajar sobre la construcción de jerarquías sociales en la Argentina”

 

LA TRADICIÓN PÚBLICA Y GRATUITA DE LA EDUCACIÓN ARGENTINA OBLIGÓ A LAS CLASES ALTAS A DISEÑAR ESTRATEGIAS PARA SORTEAR LA PRETENSIÓN IGUALADORA DE ESE IDEAL Y CIFRÓ EL SURGIMIENTO DE UNA SERIE DE INSTITUCIONES PRIVADAS -LA MAYORÍA LIGADAS AL IDEARIO CATÓLICO- QUE BUSCARON PRESERVAR EL CAPITAL SOCIAL Y SIMBÓLICO DE ESTAS ÉLITES, SEGÚN RASTREA LA ANTROPÓLOGA VICTORIA GESSAGHI EN EL ENSAYO “LA EDUCACIÓN DE LA CLASE ALTA ARGENTINA”.
 

Los sectores medios y bajos han sido durante décadas la cantera rica y polisémica que alimentó la agenda de las ciencias sociales mientras que las clases más acomodadas fueron estudiadas de manera fragmentaria o periférica, a pesar de que sus recorridos y aspiraciones pudieran aportar matices reveladores de la trama social.

La investigación de Gessaghi se suma al aporte de otros trabajos que en los últimos años desandaron los pasos de esta omisión para indagar no sólo en los hábitos de la clase privilegiada sino en los modos de legitimarse a sí misma y diferenciarse de los sectores favorecidos que centran exclusivamente en el dinero y no en el linaje su pertenencia de clase.

En esa línea, “La educación de la clase alta alta argentina” (Siglo XXI Editores) explica la manera en que este grupo dirime los valores asignados a la escolarización -que a lo largo del tiempo incluyó la labor de abuelas e institutrices así como la creación de instituciones privadas con acento en la formación católica- y paralelamente avanza en los criterios de diferenciación con los que las familias tradicionales disputan su condición con aquellas que pretenden reinsertarse por la vía del crecimiento económico en la cúspide de la pirámide social.

Así se producen tensiones entre miembros de una misma clase que Gessaghi, doctora en Antropología Social e investigadora del Conicet, condensa ya desde el prólogo, cuando refiere una anécdota según la cual una de las primeras fuentes de su investigación, de profesión diplomático, al ver la nómina de los entrevistados que la autora tenía en mente observó que -a su criterio- uno de ellos no pertenecía a la clase alta: se trataba del empresario Franco Macri, padre del actual presidente Mauricio Macri.

“Al conversar sobre aquello que diferenciaba a (Franco) Macri de algunos otros hombres de negocios argentinos, empecé a conocer una trama discursiva que identificaba a la clase alta local con las grandes familias. Esa reitereda caracterización de las familias tradicionales como un grupo superior impulsó mi enfoque etnográfico”, sostiene la investigadora en el libro, dando cuenta de la complejidad que rodea la definición de su objeto de estudio.

Gessaghi analiza la trayectoria de tres generaciones de familias tradicionales que vieron una amenaza en el ideario democratizador de la escuela pública y en su afán de propiciar la movilidad social: “Me interesó trabajar sobre la construcción de jerarquías sociales en la Argentina y cómo distintos grupos se disputaron la legitimidad de las posiciones de privilegio a partir de un horizonte atravesado por esa experiencia histórica donde la igualdad obró como un motor de lucha a lo largo del siglo XX”, señala en entrevista con Télam.

- Télam: ¿Las primeras dificultades del trabajo surgieron a la hora de delimitar los alcances y los criterios de validación de la clase alta argentina?
- Victoria Gessaghi: Sí, efectivamente. Cuando encaré el trabajo mi caracterización de cómo se educaban las clases dominantes no tenía los matices que fui descubriendo a medida que investigaba. Cuando empezó a avanzar la investigación surgió la idea de una clase alta que no tiene nada que ver con el empresariado. Así aparece la representación de un grupo que no detenta el poder económico pero funciona como un grupo social de relevancia en la sociedad. Me encontré entonces con un trabajo de formación de ese grupo social sumamente activo: familias que reinvindican pertenecer a un grupo privilegiado por distintos motivos que se diferencian supuestamente del poder económico, lo que no quiere decir en absoluto que no tengan riqueza o no estén vinculados a través de alianzas matrimoniales con el empresariado. Solo que para ellos el dinero está puesto en un lugar secundario. Cuando el linaje no está, el dinero no cuenta. La diferenciación tiene que ver básicamente con la herencia, lo que lleva a una tensión entre la herencia y el mérito.

- T: Podría pensarse entonces que hay más énfasis en redefinir la pertenencia a la propia clase que en marcar distancia con el resto de los sectores sociales…
- V.G: Tal cual. En sociología se trabaja sobre la idea de que uno produce distancia respecto de lo que tiene más cerca y no de lo que tiene más lejos. Entonces, para estas familias no hay ninguna necesidad de estar marcando diferencia con los sectores populares. En ese sentido, disputan la legitimidad de pertenecer a una clase social con una élite económica que, al poner el foco exclusivamente en el dinero, marca distancia.

- T: ¿Cómo atraviesa la tradición pública y gratuita de la educación argentina las relaciones entre clases y cómo incide específicamente sobre los sectores altos?
- V.G: Por un lado forma parte del imaginario de la experiencia igualitaria desde la cual miramos estos procesos. Estas familias de clase alta hicieron usos muy diversos de la escuela pública a través del tiempo. En un primer momento, durante la conformación de la escuela pública el sistema era flexible y permitía por ejemplo que los alumnos estudiaran en sus casas y luego rindieran en las instituciones públicas. Si uno revisa los archivos del Colegio Nacional Buenos Aires se detectan una cantidad importante de alumnos que rindieron sus exámenes pero no concurrieron a clases porque fueron educados en sus casas. Cuando se empieza a masificar el acceso a la escuela pública, a principios del siglo XX, en un contexto en que a nivel mundial están las amenazas del comunismo, las revoluciones en Rusia y los fascismos, estos sectores abandonan la escuela pública y empiezan a educarse en estas instituciones privadas que son católicas. Ante el avance del estado en la educación, en el marco de la disputa laica-católica, estas familias se empiezan a refugiar en esta tradición de educación católica. Salen del circuito público muy tempranamente pero no en oposición a lo público sino a lo laico. Y también en oposición a la masificación que se produce a partir de la escolarización de la inmigración masiva y los sectores populares.

- T: ¿Este éxodo hacia lo privado se da en todos los órdenes?
- V.G: No. Se da básicamente en la primaria y menos en la secundaria. Hay escuelas públicas secundarias que son elegidas por algunos miembros de estas familias. En el caso de la universidad la cuestión es más porosa porque por un lado en estos sectores altos prospera la idea de salir de la burbuja. Ir a la universidad pública es parte de esa consigna porque en nuestro país es necesario constituirse como una élite democrática. Hay una idea de que aquellas familias que están más legitimadas en su posición social son las que logran que sus trayectorias den cuenta de su salida de la burbuja. Hay una entrevistada que me dice al respecto: “No se puede ser snob. Tenés que saber dónde empieza y donde termina tu mundo”. Eso es reinvidicado dentro de esta disputa acerca de quién es miembro legítimo de la clase alta, es decir, aquel que anima a salir de los confines de su mundo.

 

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